ALCOHOLISMO FEMENINO- ALCOHOLISMO MASCULINO

ALCOHOLISMO FEMENINO- ALCOHOLISMO MASCULINO
Contrapunto clínico

Alicia Donghi y Liliana  Vazquez.

Es un observable clínico frecuente, la diferente relación que establecen con la bebida los hombres y las mujeres. En la posición femenina suele ser el efecto de una combinatoria  de elementos donde el “amor único” a la botella, como solución de valor fálico, sitúa una forma imaginaria de su ser de objeto. En cambio para los hombres parece ubicarse en el punto de la impotencia frente al Otro sexo, más ligado al intento de un lazo al Otro.

Del ocultamiento femenino del goce

Ana concertó una primera entrevista y el día fijado solicita otra, argumentando que ”al negro le había dado un ataque de gota y ella no podía salir de su casa”. Se le otorga una nueva entrevista a la una de la tarde. Se produce un corte de luz  en el edificio del consultorio de la analista y los ascensores no funcionaban. Por el portero eléctrico, una voz muy ansiosa,  dice no poder subir (diez pisos) por su fatiga, solicitando que bajen. La analista accede y se encuentra con una mujer de alrededor de 50 años, muy arreglada, una típica señora de su casa. Pero al saludarla tropieza, por unos arreglos que se estaban realizando en la vereda, se va de boca y empieza a  sangrar. Ana le ofrece su pañuelo para que se limpie y con ansiedad la convoca al bar mas cercano. O sea la primera entrevista transcurre en un bar y allí, en tono confidencial, dice que bebe en exceso.

El motivo de consulta:  su premura de abstenerse de un tóxico, que ella supone la puede llevar a la muerte, en el momento en que se produce la separación matrimonial de su única hija mujer y el corrimiento del velo del ocultamiento de su ingesta , dado por supuesto a partir de una indirecta de su hija. Se halla dividida entre algo que no quiere dejar y  al mismo tiempo atenta contra si misma. En sucesivas entrevistas describirá su ritual con el vino blanco, al que  esconde detrás de la soda en la heladera y lo va reponiendo para que el negro no se de cuenta. Ritual que tiene el siguiente derrotero: a las 10 hs. se levanta, a las 11 hs. se armauna tapita de queso, para no tomar con el estomago vacío y tres cuartos de vino hasta el almuerzo, luego la siesta hasta las 18 hs y allí retoma el ritual: comienza con la tapita a las 19 hs, bebe hasta las 23 hs y se duerme luego. Las “tapas” tienen un lugar relevante para ocultar el alcohol,  al igual que en su origen, que data de la época de la guerra civil española, donde se usaban  para ocultar las copas de vino a los gendarmes. De su vida sexual relata que no tiene relaciones con el negro porque “la viola”. Comenzó a no poder controlar la ingesta, a partir de que la negra, su mejor amiga, entró en una crisis depresiva por  la muerte de su hijo. Éste tenía la misma edad que el hijo varón de la paciente. Dice: ”Nos hicimos amigas, el marido de ella me arrastraba el ala, después yo suponía que el negro era el amante de la negra. Nosotras tomábamos mate a la tarde, luego fuimos amantes”. La negra deja de verla con la muerte del hijo. Ella se culpa, y cree que es un castigo de Dios  por sus relaciones homosexuales. Se refugia entonces en el blanco,”mi única compañía. No soporto el vacío de la soledad, tengo que permanecer anestesiada”.  La elección de objeto, el alcohol, en el lugar del vacío. Entonces abstenerse, ¿a donde la conduciría?. El alcohol aparece como prótesis contra el vacío, es el objeto que viene al punto de división subjetiva y sirve al propósito de dar consistencia al fantasma y ejercer el goce que este conlleva. ”Tengo que permanecer anestesiada”, momento de desvanecimiento del sujeto, bajo los efectos del alcohol en relación  a su Yo, y su posición de objeto en el fantasma en relación al Superyo.

Ella vive con el negro y su madre, sola en un caserón. ”Nosotros éramos de Junin, me case y vine a vivir a Buenos Aires. A la semana pedí a mis padres que se vinieran a vivir conmigo, no soportaba la soledad. Luego mi padre muere, a causa de la hemofilia, lo acompañe todo el tiempo, veía como se desangraba” .

El lazo transferencial se ve cargado de rasgos que anudaban pero al mismo tiempo el amor de transferencia traía inevitablemente su dosis de ignorancia y resistencia concomitante: ”.Venir a verla a usted  es como encontrarme con la negra(bromeaba haciendo referencia a mi aspecto físico)…Se desangró como mi papá.”

Una maniobra en transferencia, cuyo objetivo había sido tratar de introducir los problemas de el “cuarto”, en función de su problemática sexual, precipita una mayor ingesta. Se le solicita que concurra una y cuarto, el resultado es que en lugar de tomar tres cuartos de blanco, incorpora el “cuarto” y bebe un litro. Refuerza el lazo establecido con el alcohol, en su doble vertiente como goce transgresor y como imperativo de goce.

Quien se presenta alienado en una relación de dependencia, respecto de un objeto substancial, abriga al mismo tiempo sin saberlo una verdadera pasión de independencia respecto de cualquier otro, en tanto posible socio de su placer. El inicio de la ingesta esta ligado a la separación, primero de su madre, y luego del desborde de la relación a la separación de la negra. El pedido de consulta coincide con la separación de su hija, que a la sazón cuenta la misma edad que ella tenía cuando muere su padre. Donde acecha un duelo, éste sufre un procesamiento diferente, como una forma de sustituir la decepción amorosa por una identificación con el objeto decepcionante. En relación  al fantasma se articularía como un modo de realización de su ser de objeto, en consonancia con el deseo del Otro. En este  caso el alcohol advendría en el lugar del agujero en la significación y, desde ahí, cumpliría el fin de alcanzar un goce definido como imposible.

Sin embargo, ¿cuál fue el límite en la relación de esta sujeto con el alcohol que la precipita a la consulta?, ¿qué de su partenaire,”el blanco”, no le esta sirviendo en esta nueva separación?. Parece que los efectos mortíferos con los que se confronta, como retorno de goce, alcanza niveles insoportables: ”Tengo miedo a morirme, no controlo las colitis”. ¿Se va por el agujero?.

En su embriaguez, Ana no esta fuera de la red significante pero bajo un modo particular, el “blanco” es el objeto que viene al punto de division subjetiva, le da consistencia al fantasma, a la vez que es una vía para  poner en escena aquello de lo que goza. Ella sufre, se culpabiliza porque bebe, ha formalizado un síntoma y sostiene por primera vez un llamado al Otro. Un episodio con el negro hará que botella de ”blanco” en mano lo amenace y le pida que se vaya de su casa. La situación de quedarse a solas con su madre intensifica la ingesta, dejándola en el lugar de la máxima caída, no concurriendo más a las entrevistas. El recurso al alcohol aparece como la única forma de tratar las dificultades relacionadas con la sexualidad y con el amor. En un último llamado da cuenta del regreso del negro, solicitando de una  manera particular una nueva entrevista: -.”Necesito verla a la una”.Se le responde: ” Yo la puedo escuchar a las tres”. Contesta resueltamente: ”si usted  no puede verme a la una, no entendió nada de lo que pasa” y corta. Algo del  propio sin- sentido de su pedido,  lo coloca en el campo escópico de la mirada no pudiendo ser nombrado, atribuyendo al dispositivo su imposibilidad de hablar a las tres, ¿de las o los tres?. Una pregunta flota en el aire.¿ Reacción terapéutica negativa?.

De la ostentación masculina del goce

  1. de 30 años se presenta a la consulta como un ”ejecutivo exitoso” que se hizo ”solo”. La ambivalencia, la desconfianza y la duda tiñeron los primeros encuentros: haciendo objeción al monto de la entrevista y a la frecuencia (no mas de una vez  por semana) aparentemente relacionado con el pago. Le angustia la reciente separación de una mujer que lo deja cuando  se recibe de una carrera universitaria mayor. El no estudia y es un tema no superado para él. Dice: “me quedo colgado los fines de semana, merca y alcohol sobretodo”. Se detiene en otra compulsión ligada a la ostentación: gastar dinero en invitaciones a cenar a amigos y en mujeres que también le brinda a los amigos. Había dejado de tomar cuando conoce a esta mujer, poco tiempo después de que muere el padre. La ruptura con ella se precipita cerca de la muerte de un tío de ella que le había oficiado de padre, y que muere el  mismo mes de la  muerte del padre de F. O sea en el aniversario de la  muerte del padre se produce la  separación. Aparentemente demanda por ella, que llene el espacio vacante.

La oscilación obsesiva aparece cuando el consumo de alcohol logra eclipsar su fantasmagoría obsesiva  mediante un efecto de aturdimiento y otro, cuando la medida preventiva del alcohol es incapaz de contener la angustia

La primera maniobra para producir un anudamiento transferencial fue contemplar los sábados, como el día crítico cuando el empezaba a ”colgarse”. Se le dice :”en lugar de tomar podes tomar una sesión”. No se pactan sesiones los sábados, sino que puede tener una sesión el sábado, si así lo quisiera, pero la tenia que pedir. Semblante de incondicionalidad, ya que se instaura el sábado siempre como posible (aunque lo haya solicitado solo un par de veces), sosteniendo la apuesta al bien-decir en lugar del ”bien- tomar”

Por el efecto que produjo resultó, mucho más efectivo, que sancionar su ingesta o disciplinarla, pero produce los riesgos de introducir a alguien en posición de sujeto. De hecho empezó a  recordar, sobretodo después de hacerlo asociar sobre su forma de tomar (ya que comenzaba a tomar y no podía parar hasta bajarse la botella entera de vino tinto preferentemente). Asociando con ”botella entera”, aparecieron  3 recuerdos: La madre solia tomar cuando se deprimia. El padrastro a la mamadera le agregaba vino cuando lo cuidaba, esto se descubrió cuando casi se muere de una  diarrea estival.

Hijo de madre soltera, ésta había sido mucama del padre, un político importante del Perú. En  la novela familiar, la falta del padre se sitúa  a nivel del dinero: el padre no le pasaba dinero a la madre con contradicciones muy marcadas .Por ejemplo: una vez ganó la lotería y donó todo a los pobres, mientras a él y a su madre les faltaba todo. Inmediatamente esto lo relaciona con lo que el denomina el tema de la ”fonda”: se le aparece como que le ofrecen el vino en el lugar (aunque sabe que finalmente paga él) y no puede dejar de invitar a comer a sus amigos  mas pobres .Después se queda dudando si lo quieren o los compró. Aparece el alcohol en el lugar la ausencia del Otro (mamadera con vino) y termina siendo el recurso para soportarla, por ejemplo con su ex pareja.

Su entrada a análisis se sitúa en un momento en que, quejándose sintomáticamente del  costo de las sesiones, se le confirma su queja así: “Si, te va a costar un Perú”, enunciando la regla fundamental y sugiriendo el uso del diván. Alusión a la verdadera pérdida y que se sitúa a nivel de sus raíces. Dificultad de matar al padre oscilando entre “el negro de mierda” y el ”exitoso”

El alcohol lo reenvía al goce materno como solución frente a la angustia y la depresión. El padrastro, en el lugar del padre, pero del lado de los cuidados de la madre que lo embriaga frente a su llanto. El centro no era el alcohol sino su padre-padrastro, el valor de lo dado por el padre, el don del padre. Un padre del goce con valor de real, de ”mierda”. Por otro lado la ecuación alcohol-mierda- dinero ( que en el recuerdo  se juntan ). El montaje del alcoholismo: la fonda como blasón (emblema del Padre ideal, su progenitor ) frente al encuentro con lo traumático del enigma femenino. Se junta con hombres, espacio homosexual donde se identifica al padre que da a los pobres, y repite en transferencia la posición de goce del padre respecto de él : mientras me habla de su despilfarro con los ”pobres”, cuestiona lo poco que cede al análisis, haciendo activo lo vivido pasivamente en su infancia con su padre.

Actualmente desde el marco social al sujeto le llegan etiquetas  que alienan su ser. Ser ahora anoréxico, bulímico, adicto, no es más que una respuesta eficaz para detener un tiempo la verdadera pregunta por la existencia que, a veces, se nos revela como angustia. Dichos nombres tienden a reforzar la creencia de la existencia de un consumo normal, un poder controlar/se, confundiendo el control con el cuidado de sí y el descontrol con el exceso de consumo. De acuerdo a esto, un adicto no es aquél que ha perdido el control en el consumo, ni aquel que ha perdido la voluntad, sino aquel sujeto que ha renunciado a responder por las consecuencias de sus actos, que ha renunciado a preguntarse si existe otra voluntad que no sea la de obedecer el deber de consumir como la cultura le pide. No hay adicto por fuera del discurso social, es una forma de dirigirse al Otro, porque sin duda tiene un peso de gravitación en el Otro al que interpela denunciando el malestar. Si entendemos discurso como una estructura significante, un eslabón que representa al  sujeto adicto  frente a otro eslabón que es la estructura social, las variantes discursivas  proporcionarán los  significantes frente a los cuales el significante adicción cumple una función de representación. Puede ser el significante salud  en el discurso medico, el de delito en el discurso jurídico, peligro en el  discurso policial militar, el de dependencia en el discurso sociopolítico, el significante familia en el discurso psicológico, el de adaptación en el discurso educativo, el de pecado en el religioso, vicio en el discurso moral, contagio en el discurso preventivo, etcétera. La lista podría continuar y así será representado como enfermo, delincuente, peligroso, marginal etcétera. Esto produce que el adicto disponga de  discursos que lo representan y alienan de un modo reconocible para el conjunto social, el “yo soy” que engendran proporciona una identidad, desde los programas de autoayuda hasta los medios de comunicación pasando por las redes informáticas: derivación primera de nuestro mundo globalizado . Tiene un lugar de recuperación y un trabajo posterior. Tiene una vida con su destino trazado: fascinación, hundimiento, arrepentimiento, recuperación, prédica y reclutamiento antiadictivo. Es la forma en que la cultura los reabsorbe, pero los condena a “ser” o adicto o ex-adicto: para el caso, a veces, da igual.

Estos santos de la modernidad, como se los ha dado en llamar, ponen a trabajar a la cultura en la creación de distintos aparatos que alojen limiten, regulen, traten y distribuyan ese goce rebelde al lazo social y polo de segregación. En lo social, frente al fracaso de los ideales comunes y su efecto – puesta de la droga en el lugar del ideal –se le ofrecen o imponen al sujeto adicto ideales  del Otro: proyectos en lo social, promesas en lo religioso, lo debido en lo jurídico, drogas legales en lo medico. La eficacia de lo prometido- propuesto- mpuesto – pasa por hacer masa frente a ese ideal. Si esto se revela eficaz es porque ese sujeto puede adherir a algunos ideales de la comunidad no adicta y “rehabilitarse”. Abundan entonces formulas, categorías, dispositivos de cura, los programas terapéuticos  se caracterizan por su heterogeneidad; proliferan los grupos de autoayuda, la alarma social que genera el fenómeno invoca a la prevención. En estas circunstancias el psicoanálisis es un dispositivo más de lo social, que no puede desconocer la gravitación de los otros para incidir con su diferencia.