El consumo y nuestros adolescentes

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El consumo y nuestros adolescentes

Osvaldo Rodriguez

Recuerdo en los años setenta una tira de la historieta Mafalda donde uno de sus personajes, el pequeño Miguelito, sentado en la vereda, ve pasar a un joven adolescente ataviado con uniforme del colegio secundario, comiendo un chupetín y con un cigarrillo encendido en su mano, luego de unos instantes de mirarlo absorto reflexiona: “la vida no debería echarlo a uno de la niñez sin conseguirle primero un buen puesto en la juventud”

El siempre vigente y querido Joaquín Salvador Lavado, “Quino”, define en una síntesis inmejorable una problemática central de los adolescentes,  Ni niños ni adultos, y ambas cosas a la vez.

Una de las quejas mas frecuentes de los propios adolescentes es decirnos a los adultos, en especial a los padres y a los educadores, que los tratamos como niños o como adultos según nuestra propia conveniencia, viceversa escuchan decir a los adultos “vos sos grande cuando te conviene”

Es decir que nos estamos refiriendo a una época de la vida donde el desencuentro y el conflicto están a la orden del día.

La noción de adolescencia como etapa vital, como periodo evolutivo, es una noción  relativamente nueva, a pocos años vista en términos históricos, el pasaje de la niñez a la adultez consistía en atravesar algún tipo de rito cuando se alcanzaba la aptitud reproductiva, y a partir de allí, todos los derechos y obligaciones que cada comunidad concedía a los adultos los comprendían; basta con recordar que Alejandro de Macedonia había conquistado la mitad del mundo conocido a los veinte años; algo impensable en nuestros días, lo común, en líneas generales, es que un joven de veinte años este apenas empezando a pensar que hacer con su vida, es cierto también que la expectativa de vida ha aumentado considerablemente.

Los motivos por los cuales no dudamos en la actualidad de que hay una etapa de la vida que llamamos adolescencia, obedece a varios factores, la evidencia de que se trata de un periodo en la vida de los seres humanos sumamente tormentoso, ha hecho inclusive, que se confunda con frecuencia la etimología de la palabra adolescencia haciéndola provenir del verbo adolecer, que remite inmediatamente al concepto de dolencia, tan frecuente durante la misma, si bien esto es un error desde el punto de vista etimológico; la palabra adolescencia proviene del término latino adolescens que se traduce por hombre joven, o adulto joven; no es erróneo al considerar el cúmulo de sucesos que acontecen en el período de la vida que hoy nos ocupa.

Consideraremos al menos tres aspectos que se entrelazan entre sí:

1)      un orden natural, por un ciclo biológico alrededor de los doce años una inundación de hormonas afecta sensaciones, sentimientos y pensamientos.

2)      Un orden individual, a cada quien por constitución genética y por conformación sociofamiliar  esto lo afectará con una intensidad y de un modo diferente.

3)      Y por último un orden social, la familia, la escuela, la comunidad, y la época imprimen su impronta.

Nos referiremos al tercer aspecto, para situar algunas consideraciones acerca del consumo y nuestros jóvenes.

Los tiempos que corren; nunca mejor aplicado el término correr;  están caracterizados por una aceleración creciente, los efectos de la globalización,  la generalización del capitalismo y los avances a nivel de la tecnología,  impactan sobre la subjetividad produciendo la necesidad de adaptación a  nuevas exigencias, a una velocidad que supera la capacidad de adecuación tanto de los individuos como de las instituciones.

En el marco de la subjetividad la disyuntiva queda planteada en pertenecer o quedar excluido, en el marco de las instituciones el efecto es devastador, todas las instituciones atraviesan una crisis de vigencia y credibilidad, desde la familia hasta el estado, pasando obviamente por la escuela, y en especial la escuela media.

Los adolescentes se encuentran con este estado de cosas en el momento de su vida en que están desprendiéndose de la tutela de los adultos y buscando los modelos de pertenencia que lo contengan y lo interpreten, el panorama no es muy alentador, el camino de la autonomía siempre es un camino conflictivo, hacerse adulto requiere aceptar la muerte simbólica de los padres, la contrapartida es que los adultos no se dejaran matar tan fácilmente, en este contexto en que la autoridad de los padres y todos sus subrogados simbólicos están fuertemente cuestionados y los modelos de identificación posibles desdibujados, la propuesta que la cultura contemporánea ofrece es agruparse de acuerdo a la lógica de su funcionamiento, esto es, la legalidad del mercado que en esta etapa del capitalismo tardío ni siquiera se tratar de la ley de oferta y demanda, sino de la oferta que crea demanda, aún mas, que crea necesidad.

De modo que consumir es un modo de pertenecer, es un modo de “ser” en el sistema dominante de nuestra cultura.  Los adolescentes, pese a su presunta rebeldía son absolutamente maleables a las propuestas de consumo, ellos son grandes consumidores, por eso la prolongación de la adolescencia es funcional a las demandas del mercado.

Se produce la siguiente paradoja, los niños son rápidamente expulsados de la niñez, se les propone a través de la publicidad, los programas televisivos, los productos que se les ofrecen estereotipos adolescentes a niños de ocho o nueve años o a veces más pequeños aún y por otro lado se retrasa el ingreso a la adultez, en ocasiones hasta cerca de los treinta años, de modo que la “adolescencia” se extiende ¡casi por veinte años!

Los adolescentes consumen, ropa, música, moda, etc. Pero desde luego lo que mas preocupa es el consumo de drogas y alcohol que se hace cada vez mas generalizado entre ellos, que no dudamos en calificar en este aspecto como un grupo de riesgo. Pero  atención ninguno de los productores de alcohol o drogas es un adolescente, estos son su mercado.

Por lo tanto es tarea de aquellos adultos que intervienen directamente en la formación de los jóvenes (padres, educadores etc.) acompañar, orientar, proteger y prevenir en la medida de lo posible.

La adolescencia es el tiempo de experimentar cosas nuevas. Ellos usan el alcohol y las drogas por varias razones, por curiosidad, para sentirse bien, para reducir el estrés, para sentirse adultos o para pertenecer a un grupo. Es difícil predecir cuales de los adolescentes solo van a experimentar y detenerse allí, y cuales van a desarrollar problemas serios. Corren mayor riesgo de desarrollar problemas serios aquellos:

1)      con un historial familiar de abuso de substancias

2)      que están deprimidos

3)      que tienen poca autoestima

4)      que se sienten excluidos.

Los adolescentes están expuestos a abusar de una gran variedad de substancias tanto legales como ilegales, dentro de las primeras se encuentran, el alcohol, las medicinas recetadas, los inhalantes (pegamentos, solventes, etc.) medicinas de venta libre para la tos, la gripe, el insomnio o para adelgazar. Las drogas ilegales de mayor uso son la marihuana, la cocaína, los derivados del opio y las drogas de diseño (éxtasis). Merece un capitulo aparte el denominado “Paco” PBC (pasta base de cocaína) compuesto por un residuo de la fabricación del clorhidrato de cocaína, habitualmente disuelto en kerosén,  sumamente adictivo y nocivo para el sistema nervioso central cada vez mas consumido, especialmente en los estratos de nivel socioeconómico mas bajo con consecuencias gravísimas.

Las principales señales del abuso de alcohol  y drogas por los jóvenes pueden incluir:

1)      Aspectos físicos: fatiga, problemas para dormir, quejas continuas acerca de su salud, ojos enrojecidos, tos pertinaz etc.

2)      Aspectos emocionales: cambios en la personalidad, cambios rápidos de humor, irritabilidad, comportamientos irresponsables, retraimiento y una falta general de interés.

3)      De familia: retraerse, dejar de comunicarse, rebeldía excesiva.

4)      Problemas sociales: amigos o pares con problemas de alcohol y drogas, problemas con la ley, cambios notorios en la vestimenta y la apariencia.

Desde luego que estas son solo algunas señales para prestar atención, y no deben ser tomadas como indicadores incuestionables, pues corremos el riesgo de producir aún mas segregación de la que habitualmente son victimas. El camino de la prevención y de la protección pasa por el dialogo franco, la información veraz sin exageraciones dramáticas ni negaciones del problema que solo nos conduzcan a abordarlo cuando ya sea tarde, reconstruir los vínculos de autoridad, sin autoritarismos y con un profundo respeto por las diferencias nos permitirá estar cerca de ellos para acompañarlos en el difícil camino de hacerse hombres y mujeres responsables.

No olvidemos que se trata de nuestros hijos, de nuestros alumnos,  nuestros jóvenes y que inconscientemente en cada logro  o cada fracaso de ellos se juegan nuestros propios fantasmas y también nuestra muerte simbólica. Es por eso que tantas veces nos sublevamos contra ellos, es preciso realizar un esfuerzo conciliatorio sin perder el lugar de adulto cuando intentamos abordar una comunicación con ellos, quizás realizarnos algunas preguntas nos faciliten encontrar nuestra ubicación:

1)      ¿Qué siento hacia mi hijo adolescente en este momento?

2)      ¿Qué significa un hijo adolescente para mí?

3)      ¿Veo a mi hijo como una compañía para mi soledad futura o un seguro para mis necesidades?

4)      ¿Quiero que el cumpla con mis expectativas?

5)      ¿Me hacen sentir menos capaz su juventud, su vitalidad y las promesas que encierran su futuro?

6)      ¿No le exigiré más porque me angustia el paso del tiempo?

7)      ¿Tengo miedo de perder el control y el poder?

Si podemos contestarnos sinceramente algunas de estas preguntas estaremos mejor dispuestos para escuchar, intentar entender y proporcionar la ayuda adecuada, el trabajo es difícil y la consulta con un profesional nunca esta de más, la batalla es dura pero no esta perdida.

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