Obesidad –Obscenidad. Dos términos. La enfermedad.

Obesidad –Obscenidad. Dos términos. La enfermedad. *

A principios de la década del 80, realizaba mis primeras prácticas profesionales en el Servicio de psicopatología de un hospital general donde actualmente continúo trabajando. Una requisitoria de la sala de clínica médica me convoca a atender un paciente, lugar poco común, al menos para la época, para un psicólogo. Al llegar me encuentro con una “escena” que me resultó entre grotesca y obscena. Se trataba de un hombre de 33 años que pesaba 250 kg, sentado en la cama, no podía recostarse, con un tubo de oxígeno que le permitía respirar y que, entre frases entrecortadas por su dificultad respiratoria, bromeaba: –“Usted licenciada nunca se imaginó algo así, ¿verdad?”. Luego relatará múltiples infortunios respecto de las dificultades que su obesidad le producían en su vida cotidiana: traslados, lugares que nunca había podido ir, como un cine por ejemplo por la dimensión de las butacas, la imposibilidad de verse su órgano sexual y la ironía que ponía en sus palabras cuando decía que los que lo veían seguramente pensaban que el tenía dos penes: uno producto de los pliegues de la grasa que le caía produciendo un colgajo y el otro, ese que él no veía…

Un mes después fallecía como consecuencia de un paro cardiorrespiratorio.

Califiqué la escena como obscena; Roland Barthes señala que “lo obsceno produciría imágenes sin mirada, es decir, carentes de la distancia necesaria para convertirse en objetos de representación, en objetos de deseo”, escribe algo similar en sus notas sobre la fotografía: “el cuerpo pornográfico, compacto, se muestra, no se da, no hay ninguna generosidad en él”, es decir, la hipervisibilidad convierte al cuerpo en un monstruo sin deseo, la imagen no se nos entrega –en el sentido erótico de la expresión -, simplemente se nos muestra en una suerte de exhibicionismo monstruoso. No es raro que la palabra monstruo provenga del latín monstrum, aquel que se muestra, que no puede ocultarse de las miradas. De nuevo nos topamos con lo obsceno en términos de representación, el monstruo nos remite a unos signos excesivos, efectivamente pareciera que el cuerpo –monstruo al igual que el cuerpo gordo- persiguiera más la angustia del Otro que su deseo. Es lo que Fenichel señala al hablar de la obesidad como un “exhibicionismo de la fealdad”, un zoomque hace del cuerpo un objeto demasiado visible, signos que Barthes asocia con un “erotismo pesado” –compacto e inmóvil– que deja poco espacio para la liviandad del deseo.

Etimológicamente, obsceno proviene del latín obscenus. Tal vez tenga que ver con la crisis de la representación, con la clausura de la distancia escénica (ob-scena, significa, literalmente, lo que está fuera de escena), quizás el carácter obsceno del cuerpo gordo revela una faceta perversa, convirtiéndose en un  sujeto que causa angustia en el Otro.

El signo de la obesidad señala un cuerpo con riesgo de muerte, la ciencia médica ha descrito las consecuencias patológicas que el exceso de grasa conlleva. Como si ese exceso de real en el cuerpo produjera una asfixia, no solamente en la realidad cómo le sucedía al paciente, sino también del poder simbólico de la palabra; la dificultad de nuestra práctica clínica actual con sujetos obesos pone en evidencia una tendencia al aplastamiento de la palabra sobre la actualidad cotidiana, como una inadecuación  general de lo simbólico para interferir en lo real del cuerpo.

El paciente obeso recurre a un médico porque se considera físicamente enfermo, se pueden distinguir dos tipos de fenómenos: lossignos físicos, que registra el médico y el paciente ignora, y los síntomas somáticos, que el paciente recibe en la conciencia como sensaciones “físicas” privadas de un significado psíquico intrínseco o primario. A esto último el paciente se refiere diciendo que son síntomas o sensaciones de origen físico. La palabra no incide en el cuerpo porque el cuerpo mismo aparece como ajeno, esto se ve reforzado por las dificultades, como las describía el paciente, de moverse, de verse ciertas zonas del cuerpo, para percibir los bordes. La obesidad ofrece una demostración clínica de que el sujeto no es un cuerpo sino que tiene un cuerpo, al vivir el propio cuerpo como el del otro, como una masa extraña-externa, “el sujeto demuestra que el cuerpo físico puede separarse efectivamente del ser del sujeto; esto parecería producir un yo descarnado, en el cual se refugia el sujeto obeso, dejándolo completamente atrapado por la demanda del Otro y su deseo reducido a un goce autista” (M. Recalcati, 2005).

Si el paciente es capaz de comprender, de un modo que no sea meramente intelectual, el significado psicológico del fenómeno que lo aqueja, jamás categoriza a su trastorno como síntoma de una enfermedad, sino que lo experimentaría como un afecto penoso que puede integrar, en una coherencia de sentido, con el conjunto entero de sus vicisitudes vitales. El cuerpo del obeso estalla en un “demasiado lleno”, de un alimento que nunca alcanza, vivido como un vacío infinito que lo deja pesado, inerte, sin otro pensamiento que no sea el hambre del cuerpo que obnubila la necesidad de amor.

Bion en sus “Conferencias de Nueva York” en 1980 decía: “Si ciertos síntomas consiguen emerger en lo que llamamos niveles de pensamiento conciente y racional, debería ser posible poner en acción esos niveles de pensamiento conciente y racional en el punto de origen del mal-estar. ¿Es posible formular una interpretación que también se remonte por la misma pista hasta el origen del problema? De ser así, quizás el psicoanálisis pueda tener efecto sobre cosas que hasta el momento parecen inaccesibles al tratamiento” (Bion, 1980, op. cit. página 10).

Freud también sostiene (1915) que el examen de los fines de una pulsión permite, muchas veces, deducir su fuente. Afirma, además, que el síntoma somático “interviene en la conversación” (Freud y Breuer, 1895), que “el órgano habla” (1915), que tanto el lenguaje como el síntoma somático extraen sus materiales de una misma fuente inconciente (Freud y Breuer, 1895), y que la segunda hipótesis fundamental del psicoanálisis consiste en sostener que el pretendido concomitante somático, por oposición a lo psicológico conciente, no es otra cosa que lo psíquico inconciente.

Mientras la teoría sigue discutiendo estas cuestiones, la investigación psicoanalítica de las enfermedades que se manifiestan como trastornos en el cuerpo continúa, desde la época de Freud a nuestros días, ocupando territorios en la presunta “roca viva” de lo somático asimbólico.

Una pregunta obturada por un malestar que es taponado por la creencia, cada vez más arraigada y sostenida por nuestra cultura, en la mostración obscena de los cuerpos obesos que, ilusoriamente, “la pulsión encuentra satisfacción en un objeto”. Escena, obs-cena,que presagia la cercanía de la muerte tal como la impresión que recibí cuando vi al paciente en la sala del Hospital.

Obesidad –Obscenidad. Dos términos. La enfermedad.

Licenciada LILIANA VAZQUEZ