¿Qué época de las adicciones?

Compartir

Nos proponemos realizar un recorrido que nos permitan pensar las adicciones en el contexto de una época que se particulariza por algunas cuestiones, algunas de ellas las nombramos como un cambio en la categoría de ciudadano por la consumidor, donde el mercado sería aquél que está allí dispuesto a ofrecer los objetos que obturen lo que llamamos falta.
Para empezar diremos que las adicciones están en una estrecha relación con el goce autoerótico, extrayendo de aquí la concepción de que es esto lo que no permite el lazo social en aquél que podríamos llamar adicto. El tóxico en el lugar del parteneire, y el objeto en el lugar de la falta.
Decir que las adicciones son parte de la subjetividad de la época no alcanza, claro que se inscriben en una cultura que tiene sus propias legalidades, características, modalidades, pero la época no es lo que explica todo lo que es necesario pensar respecto del consumo. Si bien planteamos esto, también es necesario destacar que las particularidades de una época quedan imbricadas con el tema en cuestión. ¿Que pretendo decir?, que las adicciones son un problema en esta época pero no alcanza con la caracterización de la época para abordarlas. Adicciones hubo siempre aunque las coordenadas puedan cambiar.
Es cierto que estamos en un mundo que ha cambiado. Algunas modalidades nos invitan a repensar algunas cuestiones. Desde hace ya mucho tiempo que las categorías del mercado están siendo parte del modo en que las relaciones amorosas se establecen, quedando inscriptas en un discurso que parece estar mas cerca del rendimiento y de la productividad que del amor y del encuentro, del azar y de la diferencia.
Es cierto también que el discurso capitalista se sostiene en la permanente posibilidad, en la noción de que nada es imposible. Desde las campañas publicitarias hasta las ofertas terapéuticas encontramos siempre una posibilidad de rechazo del vacío, de las diferencias, un empuje a gozar de objetos que nos harán creer que se trata del deseo. Proliferan las promesa de juventud eterna, de retraso del envejecimiento, de eliminación de arrugas, etc ¡Como si se pudiera hacer algo contra el paso del tiempo!. Hoy es obligatorio ser feliz, ser flaco, estar bien, comer sano, ser joven. Claro, la juventud, como suelo decir, está sobrevalorada, porque es la etapa de la vida donde el límite de la misma se cree que está lejos.
En un mundo de satisfacciones apuradas queda poco lugar para pensar, para elegir, para el deseo quizás. Los objetos están al alcance de todos e indiferenciados, brindarán una satisfacción inmediata para luego impulsar a un nuevo consumo, antes de que el vacío se imponga ya hay un nuevo objeto para consumir. De este modo la angustia, el dolor o el sufrimiento encuentran siempre una nueva ficción: creer que es posible a través de un objeto colmar el vacío.
Freud en su texto El malestar en la cultura ubica la droga como una posible muleta que le haría enfrentar el dolor al sujeto, pero no para resolverlo sino para silenciarlo. No sin consecuencias, se relanza permanentemente la necesidad de encontrar nuevos anestésicos para paliar el dolor.
¿En que punto podemos articular época con adicción? En el punto en que el lazo social se ve afectado. En las adicciones, la droga permite obtener un goce que no pasa por la relación al Otro, se convierte en el parteneire ideal, rompiendo de esa manera el lazo social. De este modo, la época y las adicciones se ven articuladas en lo que le adjudicamos al discurso capitalista, rechazo de la castración y un modo de goce autoerótico que nos mantiene cada vez mas solos y aislados.

Lic.Marina Troilo

error: Content is protected !!