
Intervenciones en ataque de pánico y consumos problemáticos
Intervenciones en ataque de pánico y consumos problemáticos
Prof Alicia Donghi – Prof Silvia Quesada –
Introducción
Nos enfrentamos todos y cada uno de nosotros a un mercado que nos tiende trampas seductoras donde cualquier objeto se puede transformar en una sustancia tóxica o cualquier actividad adictiva. Estos consumos compulsivos
vienen de la mano de otros fenómenos epocales como el “ataque de pánico” o las autolesiones. Estas diversas modalidades de padecimiento frente a la presión de una sociedad que no cesa de persuadir y luego decididamente
incitar al consumo permanente de distintos objetos, exige que adoptemos una dinámica en las intervenciones que se halla en constante revisión. ¿En qué circunstancias un consumo se torna problemático? En tal caso, ¿cómo alojar
este padecimiento cuando aparece disfrazado tras otros fenómenos epocales? y ¿cómo intervenir desde saberes múltiples que intersectan?
En la clínica actual, nos enfrentamos a presentaciones complejas, en las que muchas veces el diagnóstico y el pronóstico de las mismas atraviesan múltiples dificultades. Se presentan dos problemáticas en situaciones de primeras consultas que suelen estar asociadas: Ataques de pánico y consumos problemáticos. De esta conjunción se desprenden algunas particularidades entre ellas la siguiente: “La interrupción abrupta del consumo de sustancias tras un prolongado abuso y/o dependencia de las mismas puede alterar el sistema de compensaciones del sujeto, de tal modo que dificulte la elaboración psíquica o la tramitación simbólica de la angustia, vía la formación de síntomas. En este sentido es posible inferir que la angustia, bajo la forma de energía no ligada se desplace a la emergencia de otras perturbaciones: fenómenos psicosomáticos, ataques de pánico, desórdenes alimentarios (bulimia,anorexia, obesidad), autolesiones, y/o accidentes, entre otros. En estudios previos se ha observado en la clínica de los “consumos problemáticos” la aparición de ataques de pánico, concomitantemente a la abstinencia de la sustancia psicoactiva o relacionada con estos intentos. El llamado ataque de pánico es un síndrome altamente discapacitante y que se ha constituido en un importante problema en salud pública. Las consecuencias indeseables que suelen derivarse del mismo son el deterioro en el funcionamiento social y laboral de la persona que lo sufre, la baja autoestima, las actitudes hipocondríacas o el abuso de alcohol y/o de ansiolíticos. Se ha observado una importante comorbilidad, de este síndrome, con tabaquismo, abuso y dependencia de sustancias psicoactivas. Se estima que transcurren 10 años hasta que el paciente con crisis de pánico, atendido por el médico de cabecera es diagnosticado correctamente. Durante ese período el consultante utiliza desmesuradamente los servicios de salud de todo tipo. Pensamos por lo tanto, que la comorbilidad del ataque de pánico con el consumo de sustancias psicoactivas, se ha constituido en un problema en salud pública, y que amerita ser investigado. Los costos que el trastorno de
pánico representa para el sistema de salud son elevados dado que los pacientes que lo padecen, realizan numerosas consultas a guardias médicas y médicos clínicos.
Desarrollo
La investigación se centra fundamentalmente en observar el “cambio psíquico y/ o algunas variaciones en la posición subjetiva del consultante producido a partir de la intervención psicoterapéutica en un grupo de pacientes que reciben psicoterapia de orientación psicoanalítica durante 6 meses (24 sesiones). El paradigma “cambio psíquico” proviene del marco teórico referencial del psicoanálisis y se refiere a las modificaciones tanto a nivel de las funciones
yoicas, (preconscientes y conscientes) como de cambios a nivel inconsciente acaecidas a partir del proceso terapéutico. En trabajos actuales la noción de cambio psíquico se considera un constructo que supone una pluralidad de modificaciones internas respecto de la función y economía del síntoma. También modificaciones externas, que remiten a aspectos relacionados con la calidad de vida. Entre estas últimas también están las transferenciales, que
implican al vínculo terapéutico (Bayo Borras, 2009) Aunque los estudios clínicos y teóricos siguen centrándose muy especialmente en el sujeto, su constitución psíquica y en el análisis de las características intra e
intersubjetivas de su padecer emocional, también en la actualidad existe una tendencia a desarrollar una tarea compleja, que aborda, en palabras de Rubén Zukerfeld: “las vicisitudes de la cura para intentar evaluarlas”. Los objetivos siguen siendo tanto conseguir una cuantificación de sus resultados, como, a través de la clínica, obtener nueva y transmisible información acerca de los procesos psíquicos y sus mecanismos durante el trabajo en transferencia. El proceso terapéutico es el conjunto de transformaciones que puede experimentar un sujeto a través de este proceso. Pueden existir variados tratamientos en cuanto a técnicas de abordaje o recursos terapéuticos, pero lo que llamamos proceso terapéutico constituye una unidad abarcando la sucesión de cambios que pueden presentarse o darse en acciones diversas, pero que tienen una coherencia interna. Frecuentemente encontramos
pacientes que han comenzado su proceso terapéutico con perturbaciones severas de la personalidad, con descompensaciones en casos crónicos diagnosticados como psicosis, que al ser evaluados después de un tiempo
presentan nuevas conductas. En estudios anteriores hemos propuesto la evaluación de cambio psíquico a través de la aplicación de un Rorschach al inicio y a la finalización del tratamiento. El Rorschach puede ofrecer dimensiones proyectivas en su naturaleza interna, las cuales lo definen como tal, pero esto no niega la posibilidad de que algunos de sus aspectos puedan cuantificarse o al menos constituir agrupaciones ordinales. Esto cobra mayor relevancia cuando se trata de investigaciones como esta, donde es necesario establecer comparaciones entre administraciones. En este caso la cuantificación puede ser útil para instaurar diferencias y de ese modo evaluar cambios, lo cual puede enriquecer realmente los resultados. También se ha observado una elevada comorbilidad de ambos problemas trastorno de pánico y /o consumos problemáticos, con trastornos depresivos, (Quesada, S y Donghi, A, inédito) Esta asociación determina a su vez que en muchos casos en estas perturbaciones, exista el riesgo potencial de suicidio. Por lo tanto resulta necesario realizar una evaluación diagnóstica precisa al iniciar un tratamiento con estos pacientes. Las funciones yoicas mencionadas pueden ser evaluadas en el Psicodiagnóstico de Rorschach a través de la aplicación de la EFYR (Escala de Funciones Yoicas de Realidad, Passalacqua et al., 2004), así como también puede determinarse confiablemente el riesgo suicida por medio de la E.S.P.A. (Escala de Suicidio para Adultos, Passalacqua et al. 1997) tal como ha quedado demostrado por investigaciones anteriores realizadas a nivel local. El Psicodiagnóstico de Rorschach demuestra claramente las condiciones de la realidad psíquica, incluyendo fantasías inconscientes, relaciones objetales, y mecanismos de defensa en el momento de su realización. Por otra parte, la utilización de Rorschach seriados durante el curso de un tratamiento psicoanalítico permite obtener evaluaciones objetivas sobre las modificaciones dinámicas y estructurales logradas por la influencia de la psicoterapia. Dadas las características netamente empíricas de estas tareas, la comparación entre los hallazgos y resultados de ambos métodos de trabajo (Psicoterapia de Orientación Psicoanalítica) POP y evaluación (Rorschach) se traducen en un instrumento experimental de valoración recíproca. Dado lo expresado precedentemente cada vez se hace más necesario contar con estudios locales que demuestren la eficacia de los tratamientos psicoterapéuticos en atención de patología graves como las que se estudian, con el objetivo de volver transmisibles los resultados, y en particular realizar una transferencia directa del conocimiento generado con prioridad en el ámbito público, aunque desde ya, no excluyente. Se ha estudiado la psicoterapia de orientación psicoanalítica (POP) en el tratamiento del trastorno de pánico con resultados alentadores (Milrod, León, Busch, Rudden, Schwalberg, Clarkin, et. al., 2007) Butcher, J. y Koss, M. (Garfield et al.: 2000) agrega:”La asistencia del terapeuta al paciente para abordar sus problemas se ubica en los primeros órdenes de la lista de categorización de factores que influyeron en su mejoría…
El cambio de conducta no sólo permite a los pacientes modificar un entorno presente que les produce distress, sino que, los ayuda a desarrollar una confianza con la que pueden dominar los problemas que los rodean…la comparación de observación de la terapia con cambios concomitantes en el cuadro arrojado por las pruebas diagnósticas puede ofrecer seguridad de que los cambios de conducta durante la terapia no son meramente expresiones del relato clínico sino que se hallan enraizados en cambios verificables en la organización subjetiva”. Un aporte significativo en el tema lo constituyen las investigaciones actuales que realizan A. Ávila.y J. Poch, entre las cuales destacan un evidente interés de los psicoterapeutas psicoanalíticos por las investigaciones que prestan más atención a las evidencias de investigación dotadas de significación clínica (las vicisitudes de la cura y sus mecanismos), que a aquellas sólo o principalmente revestidas de significación estadística. Otros investigadores, por su lado, ya han propuesto medidas del proceso que pueden ser valiosas para evaluar el cambio que se produce entre el inicio y el final del tratamiento. Por ejemplo, A. Kris, (1982) plantea que si pudiéramos medir el grado en que el paciente asocia libremente, entonces seríamos capaces de evaluar directamente la calidad del trabajo clínico del análisis. Se debe tener en cuenta que si bien el objetivo general del trabajo de investigación emprendido fue evaluar el cambio psíquico producido a partir de la intervención psicoterapéutica en pacientes con ataque de pánico y/o consumo problemático asociado no descuidamos los objetivos específicos a través de los cuales se puede ponderar ese cambio, y que podríamos listar del siguiente modo:
1. Evaluar la remisión sintomática a partir de POP en el tratamiento de 24 sesiones (6 meses de tratamiento).
2. Evaluar la dinámica de la transferencia en el transcurso del tratamiento.
3. Evaluar el impacto de la alianza terapéutica en ambos trastornos con un modelo de tratamiento de orientación psicoanalítica de corta duración
4. Elaborar una guía de orientación para el tratamiento del trastorno por pánico de formato breve para tratamientos en instituciones públicas.
5. Evaluar el cambio psíquico producido a nivel de sus manifestaciones en la consciencia
6. Evaluar el cambio psíquico a través de inferencias y análisis del relato clínico y de la evaluación de la aplicación de técnicas proyectivas ( Rorschach) de : a) La utilización de los mecanismos de defensa, b) La reducción de las conductas evitativas, c) La reducción de pensamientos hipocondríacos, d) La reducción de pensamientos catastrofistas, e) El pasaje del acting- out a la simbolización.
A través del Psicodiagnóstico de Rorschach: Se evaluarán y medirán específicamente, las variables referentes a cambio psíquico. La hipótesis central que nos orienta en nuestro trabajo es que el tratamiento focalizado de orientación psicoanalítica (POP) en pacientes que padecen crisis de pánico y/o consumos problemáticos, asociado a estas crisis, produce un cambio psíquico que conlleva una modificación de la posición subjetiva del paciente respecto de las funciones yoicas conscientes y permite considerar la posibilidad de transformaciones a nivel inconsciente. Con este objetivo es necesario determinar en primer término algunas coordenadas metapsicológicas del trastorno de pánico para poder realizar una adecuada evaluación del mencionado cambio psíquico en cuanto a los aspectos más ligados a lo inconsciente. En todo proceso psicoterapéutico se debe tomar como relevante la capacidad de asociación del paciente, tanto para la remisión sintomática, como para la modificación dinámica y económica de las razones de su padecimiento. Esta se encuentra ostensiblemente perturbada en los sujetos que padecen crisis de pánico. De igual modo es verificable en aquellos pacientes que presentan conductas adictivas, dificultades en cuanto a la capacidad de simbolización y de metaforización de los procesos psíquicos involucrados. Se estima por lo tanto que una evaluación del cambio psíquico en estos pacientes, mediada por la intervención terapéutica debe contemplar la posibilidad de recuperar la capacidad de simbolización y asociación perdida por las crisis a repetición. En esta misma dirección se sostiene que el desarrollo de expectativa angustiada, funciona como anticipación y protección frente al terror. Este es el valor de la angustia señal en su función de trinchera, de protección frente a la irrupción que el pánico conlleva. El hecho de que el terror se manifieste como irrupción sin representación que lo sostenga explica los obstáculos para la elaboración psíquica. Se manifiesta entonces como padecimiento actual que presenta dificultades para incluirse en una trama de historización permeable a nuestros dispositivos. Esto se considera común a ambas perturbaciones. Del mismo modo que en la hipocondría, se presenta como un sufrimiento que no logra ligarse en representaciones que ayuden al lazo social como posibilidad de mejoría. De forma equivalente, el malestar concierne fundamentalmente al cuerpo y sus expresiones. En esta dirección es ubicable el efecto terapéutico en la medida que se logre la capacidad de simbolización o procesamiento asociativo esperado.
Caso clínico:
¿Lastimarse de esta forma? o ¿Medicar la lástima?
“Bien se sabe que con ayuda de los «quitapenas» es posible
sustraerse en cualquier momento de la presión de la realidad
y refugiarse en un mundo propio, que ofrece mejores condiciones de
sensación. Es notorio que esa propiedad de los medios embriagadores
determina justamente su carácter peligroso y dañino”
Freud, Sigmund El malestar de la cultura (1930)
Bastian tiene 34 años, consume desde los 16, si bien probó varias sustancias, la que “mejor calza, es la cocaína”. Cuando la consume, la vida parece tener otro color, adquiere formas “más amables, menos persecutorias y menos
invasivas”, puede salir a la calle, puede intercambiar algunas palabras con otros y hasta puede vender algún producto que se provee del negocio de su hermano. De esta manera supone que algo puede hacer con la emergencia de la angustia, aunque luego tenga que vérselas con los efectos indeseados de ese uso que se caracterizan por el malestar corporal y la culpa por lo que otros dicen sobre “lastimarse de esa forma”.
Si consume puede salir al mundo, por instantes puede sentir que su incapacidad se minimiza y la percepción de sobrecarga de “tener que hacer algo” como trabajar, se diluye en su consumo. Por momentos puede ser un hombre común y corriente, no un discapacitado, ¿prefiere “ser adicto” sólo por
un rato a ser “discapacitado”?.
Si no consume no puede salir, su vida se reduce a las paredes de su casa, a las tareas hogareñas, a la endogamia abrumadora y discapacitante. ¿Qué fue primero, el consumo de sustancias o el pánico a salir y vérselas con el Otro? ¿Cómo juegan los significantes lastimarse y lástima en el intercambio de su economía psíquica? ¿Se lastima, da lástima o siente lástima por él mismo, al no poder interactuar con Otros? ¿Se lastima sólo mediante el consumo? ¿Da lástima al lastimarse o se lastima por la lástima que siente al llevar la vida que viene llevando?
Su adolescencia fue difícil, la muerte temprana de su padre, sus dificultades físicas, un hermano mayor que siempre lo menosprecio y una madre que sólo puedo salir a trabajar para mantenerlos.
Los síntomas de ansiedad los registra de manera paralela al consumo, junto a los sentimientos de incapacidad para resolver los problemas, para desconectar y para continuar en la situación presente, deteriorando “sus rutinas” junto al consumo excesivo de alcohol que continuó con el consumo de cocaína.
El aislamiento social, el sentimiento de exclusión y el rechazo por parte de los demás provocaron altos niveles de ansiedad y de angustia, alcanzando en su adolescencia niveles más comprometidos, precipitándose a un aislamiento
crónico. Esto parece disminuir, cuando no agotar, los recursos para enfrentarse a las situaciones temidas, desarrollando un sentimiento de indefensión y la probabilidad de que el consumo sea la “tabla de salvación”.
La relación entre la ansiedad y el consumo de sustancias psicoactivas se plantea generalmente en una doble dirección: por un lado, el consumo continuado de una sustancia puede conducir a experimentar síntomas e incluso
problemas de ansiedad. Por otro lado, algunos trastornos de ansiedad pueden cursar con una mayor consumo de ciertas drogas.
¿Este caso se encuadra en alguna de estas posiciones o el consumo fue una forma de medicar su trastorno de angustia/ ansiedad ? ¿El consumo parece estar asociado a una gran emergencia de angustia que precipitó un estado
masivo de ansiedad que le impidió vincularse con el exterior en un momento estructurante de la vida?
Debemos observar las variables que afectan a este sujeto que decide consumir un tipo de sustancias y no otras, tanto como las motivaciones que le llevan a este consumo. La intoxicación y abstinencia de sustancias ocasionan
síndromes ansiosos temporales, pudiendo desarrollar sintomatología similar al trastorno de ansiedad generalizada, trastorno de pánico o fobias, principalmente en la intoxicación con alcohol, cannabis, MDMA o cocaína y en la abstinencia de alcohol o benzodiacepinas (Goodwin et al., 2004; Schuckit, 2000). En el caso de intoxicaciones mixtas por varias sustancias psicoactivas, los trastornos de ansiedad que surgen, como consecuencia del consumo, son todavía más frecuentes. Sin embargo en este sujeto sólo sucede con el consumo de una única droga. En este caso en particular la permanencia del trastorno de ansiedad en el contexto de la intoxicación es muy baja, prevaleciendo la misma en contexto de abstinencia. “Es posible inferir que la angustia, bajo la forma de energía no ligada se desplace a la emergencia de otras perturbaciones: fenómenos psicosomáticos, ataques de pánico, desórdenes alimentarios (bulimia, anorexia, obesidad), autolesiones, y/o accidentes, entre otros. En estudios previos se ha observado en la clínica de los “consumos problemáticos” la aparición de ataques de pánico, concomitantemente a la abstinencia de la sustancia psicoactiva” (Quesada, Donghi, Vazquez, 2019).
Si no consume la emergencia de angustia y ansiedad aumentan, impidiéndole salir de su casa, teniendo que enfrentar lo familiar que se vuelve siniestro. Sólo puede salir si va a consumir. Los síntomas positivos: idea de muerte, palpitaciones, temblores, sensación de ahogo, sensación de atragantamiento, presión torácica, náuseas o molestias abdominales, inestabilidad, mareos, desrealización o despersonalización, miedo a volverse loco o a perder el control, miedo a morir, parestesias y escalofríos o sofocaciones (DSM IV,TR, 2000) se presentan siempre que tiene que salir, no ha consumido y no tiene calculado algún acto de consumo .
¿Cómo podríamos mejorar el acompañamiento de este paciente? Se plantea la posibilidad de incluir AT (acompañante terapéutico) que haga las veces de respaldo frente a los vínculos sociales que lo apabullan, este otro fue útil para el sujeto durante los primeros años de tratamiento, acompañando a realizar proyectos como estudiar cursos cortos, aprender algún oficio. Sin embargo con el tiempo este recurso fue perdiendo consistencia. La alternancia entre consumo y ataques de pánico fueron desarrollándose, desgastando al sujeto y
a sus pocos vínculos familiares.
En las consultas no nos hemos encontrado con la pregunta por lo subjetivo, ¿Qué hay de mí en esto que padezco? No se ha presentado como “síntoma” en el sentido analítico del término. Sólo se muestra un sujeto “afectado”, no
corresponde a la angustia de las neurosis, ni a la angustia señal, ¿podríamos acaso ubicarla como anterior a los procesos represivos? “Freud en “Inhibición, Síntoma y Angustia" y en su conferencia 32: Angustia y vida pulsional formula el concepto de angustia traumática y la refiere como núcleo genuino del peligro. En aquel lugar donde lo verdaderamente temido por el yo, es justamente la irrupción (terror) sin la posibilidad de tramitación (asociación). Ruptura de la asociación, y emergencia de lo siniestro. A partir de aquí el desafío que se nos presenta es pensar la dirección de la cura en las presentaciones actuales del malestar, que se enmarcan en la lógica del síntoma y la época”.(Quesada, Donghi, Vazquez, 2019)
Este es un gran obstáculo con el que nos encontramos en un “ataque de pánico” no hay despliegue simbólico. El sujeto, no puede ubicar en su historia, que es lo que lo llevó a estar en esa situación desbordante. La intensidad de
este padecimiento instala la urgencia de un hacer algo, en donde la analista, a su vez, se encuentra con un “no poder hacer nada” en donde el sujeto no puede interrogarse a través de la palabra portadora de sentido. ¿Acaso estos
significantes lástima/lastimarse pueden producir algún otro sentido? “
Ir al fondo de lo desconocido para allí encontrar algo nuevo” nos dice Jacques Allan Miller, citando a Baudelaire, reconociendo que esa es la historia de cada análisis. “El sujeto se suele resistir a esta metamorfosis, se resiste a sustituir el valor del goce de su práctica por un valor de sentido que le ofrece la práctica analítica. La cuestión clínica gira en torno a este punto: si se puede sustituir el valor del goce por el valor de sentido” (Miller,1998).
Pero, no debemos confundir la angustia con un síntoma, (cuestión que se hace en el DSM – IV), lo que el psicoanálisis planteará más bien frente a ella, será tomar el camino de sintomatizar la angustia ya que Lacan nos dice, que el síntoma no es algo que se cura, sino que el sujeto se identifica con él y aprende a saber hacer con él. Bajo la premisa que Freud aportó al decir que los síntomas tienen un sentido y (sentido que le da el lenguaje) nos indica cómo hay que escuchar la “particularidad de un caso”, escuchar esos sentidos que cruzan al sujeto del
inconsciente.
¿El ataque de pánico, podría leerse como un acto fallido? nos dejamos llevar solamente bajo lo que el sujeto nos dice al respecto, con lo que el sujeto da cuenta en su discurso, en el despliegue de sus significantes. El proceso en donde el analizante habla de ellos crea sentido. En Psicoanálisis, el saber es un espacio de subjetividad único que está del lado del sujeto analizante, por lo que su jerga no debe ser eliminada, debe ser más bien escuchada, “la plática
de la farfulla” la llamaba Lacan. (Sanz, 2024)
El saber del síntoma no está en ningún otro lado que en el sujeto mismo, saber que trae para ser escuchado y enunciado, dando cuenta como es de eso que se ha llamado burdo es de lo que el síntoma se ha nutrido y sigue nutriéndose para abastecer su gordura de goce, y dando cuenta como el síntoma analítico es, pues, un síntoma hablado o escrito en el cuerpo que sufre y que sólo es posible entrar en su recorrido con la presencia del analista, en transferencia, con lo que lejos de pretender la curación del sujeto con el furor curandis médico, crea una neoformación; un nuevo síntoma que forma parte del constructo entre analista y analizante; por lo que podemos decir que para el psicoanálisis el síntoma se da en la clínica y es esta la respuesta a la pregunta sobre sintomatizar la angustia. (Sanz,2024)
El cuerpo habla, en él hay un decir que en las manifestaciones que mencionamos se producen en la angustia, damos cuenta de un decir que quiere escapar como una estructura del lenguaje. Pero esa palabra que al sujeto sorprende, que lo descentra, que lo mueve de su eje, esa palabra plena que hace que su único acto logrado sea el fallido, es descifrada en transferencia.
Pensar como forma de abordaje dispositivos que trabajen con el psicoanálisis como marco teórico y dentro de una estrategia de Reducción de Riesgos y Daños, nos da la posibilidad de apostar al sujeto, más precisamente, apostar a
hacer existir al sujeto del inconsciente. Esta centralidad del sujeto en relación al tratamiento no implica dejar de considerar por ello al objeto-droga, sino que nos invita a pensar en relación a su función dentro de la economía psíquica de este y cada sujeto en particular. Alojar al sujeto y habilitar su palabra son las chances que tenemos para posibilitar una salida, en tanto esta es una entrada al discurso. (Sanz, 2024)
Conclusiones
En esta mesa presentaremos casos y situaciones, viñetas clínicas en distintos escenarios de diferentes dispositivos institucionales: servicio asistencial en hospital general, programa universitario nacional y provincial y un dispositivos preventivo- asistencial de abordaje territorial ambulatorio de bajo umbral de exigencia. También se presentarán los resultados de un programa de investigación clínica de la Universidad de Buenos Aires (UBA) sobre ataque de pánico y consumos problemáticos , a través de la proyección de un breve documental sobre los paradigmas de la prevención en salud mental y adicciones. Sus condiciones de posibilidad se pondrán de manifiesto en la
formulación de algunas respuestas a interrogantes propios del consumo en general y del consumidor en particular.
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Ed.Letra Viva. Buenos Aires. Argentina.
Donghi, A (2016) Innovaciones de la práctica. Dispositivos clínicos en el tratamiento de las adicciones” JVE ediciones. Buenos Aires . Argentina
Apellidos y e-mails de autores
Prof Alicia Donghi – alidonghi@gmail.com
Profesora asoc regular grado y posgrado, Coord Comité de Ética e
investigadora categoría II en Facultad Psicología UBA- Directora AABRA
(Centro probl del consumo) – Sec Científica Cap de Reducción de daños y
riesgos (RRDD)en AASM y Vicepresid WFMH de Sección RRDD
Prof Silvia Quesada – sgquesada@hotmail.com
Profesora Consulta Facultad de Psicología UBA. Dra. (PhD) en Psicología.
Investigadora Ubacyt categorizada. Docente Maestría en Psicoanálisis UBA. Ex
Directora del departamento de Salud Mental UBA.
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