
Apuestas online: un experimento social en la infancia digital
Apuestas online: un experimento social en la infancia digital
Verónica Giachino
El crecimiento exponencial de las apuestas online en los últimos años ha producido
efectos tangibles en la salud mental de niños y adolescentes. Este artículo propone
analizar las apuestas digitales como parte de un entramado más complejo: el cruce
entre capitalismo neoliberal, tecnologías de recompensa, fragilidad psíquica en la
adolescencia, y fallas en la regulación. Lejos de reducirse a casos de ludopatía clásica,
nos encontramos ante una configuración social inédita: niños formateados desde la
primera infancia por lógicas lúdicas altamente estimulantes, que devienen
consumidores compulsivos en entornos virtuales legalizados. La discusión plantea la
necesidad urgente de intervenciones escolares, familiares y estatales que contemplen
esta nueva dimensión del problema.
Introducción
Las apuestas online ya no son una práctica marginal. En países como Argentina, su
legalización a partir del Mundial 2022 visibilizó una tendencia en expansión, que
antes se canalizaba por circuitos ilegales: aplicaciones de mensajería, billeteras
virtuales, cuentas falsas o incluso cajeros automáticos como interfaz para lavar dinero.
Si bien estas apuestas afectan a toda la población, se observa una aceleración
preocupante entre niños y adolescentes, en edades tan tempranas como los 12 o 13
años. Este fenómeno se constituye como un síntoma del momento histórico y merece
ser interrogado en su complejidad.
Infancia digital y lógica de recompensa
La entrada de las apuestas online no se explica únicamente desde la oferta de los
grandes capitales. También se inscribe en una cultura digital que, desde hace más de
una década, ha venido moldeando subjetividades infantiles a través de juegos con
recompensas constantes: ruletas, sobres, premios aleatorios, skins, habilidades
desbloqueables, y una lógica acumulativa que genera dependencia.
Desde los tres o cuatro años, los niños están expuestos a dispositivos que fomentan
una economía del deseo basada en la gratificación inmediata. Esta forma de jugar,
aparentemente “genial” y divertida, tiene consecuencias en el modo de vincularse con
la frustración, la espera y la pérdida. Así, la transición hacia las apuestas no resulta
forzada: es más bien un pasaje naturalizado por un sistema de consumo que ya los ha
formateado desde temprano.
Ludopatía vs. experimento social
Frente a este panorama, es clave diferenciar la ludopatía tradicional de lo que aquí
denominamos experimento social en la infancia. Mientras la ludopatía remite a un
diagnóstico clínico con un patrón de comportamiento compulsivo, lo que hoy sucede
en chicos y chicas de 13 a 17 años responde a una estructura social más amplia: la
disponibilidad tecnológica, la permisividad adulta, la legalización publicitaria y una
falta de regulación efectiva.
En muchos casos, el juego compulsivo aparece tras una pérdida o vacío emocional.
Como bien señala Cayetano en El penal mágico, muchas veces se anuda el juego con
un duelo, una pérdida afectiva, una dificultad escolar. Lo compulsivo se activa como
tentativa de control subjetivo ante el desborde emocional.
La paradoja de la competencia tecnológica
Existe una falsa seguridad en torno al manejo que los niños tienen de las tecnologías.
El hecho de que un adolescente sea hábil con las aplicaciones, los juegos o las
plataformas digitales no implica que tenga madurez emocional. A los 13 o 14 años, la
estructura psíquica sigue en conformación, con una fragilidad vital que puede ser
explotada fácilmente por estos dispositivos de recompensa y consumo. Como advierte
Lucía Faidman, “lo virtual parece, pero las consecuencias son reales”.
En este contexto, se observan efectos concretos: bajo rendimiento escolar, auto-
agresiones, aislamiento social y falta de deseo por proyectos a largo plazo. Se trata de
chicos que comienzan apostando a su equipo de fútbol favorito y, al poco tiempo, se
ven arrastrados a apuestas constantes sobre partidos que ni siquiera miran. La
progresión puede ser rápida y devastadora.
Influencers, deporte y legalización
El sistema de apuestas no opera en un vacío. Se articula con la industria del espectáculo y del deporte, donde influencers, periodistas deportivos y ex jugadores promocionan casas de apuestas a una audiencia mayoritariamente joven. El problema se agudiza cuando la legalidad da una pátina de normalidad a una práctica que puede ser devastadora. “No apuesten, es una tragedia subjetiva”, advierten algunos discursos, pero conviven con banners, publicidades y códigos promociónales ofrecidos durante los partidos más vistos.
Se estima que un 30% de la población ha apostado alguna vez, y si bien solo un pequeño porcentaje deviene ludópata (alrededor del 3%), es fundamental considerar los efectos en aquellos que no llegan a un diagnóstico clínico pero sí modifican su vínculo con el dinero, la espera, la frustración y la realidad.
El rol de los adultos: familia y escuela
Muchos padres y madres se encuentran desorientados ante la velocidad del mundo
digital. La accesibilidad a contenidos como el juego, la pornografía o los foros
profundos de internet —que existe hace más de 15 años— requiere una vigilancia
activa y no solo reactiva. Es necesario establecer reglas de uso tecnológico, generar
acuerdos entre familias, e involucrar a las instituciones escolares como espacios de
prevención.
Monitorear no es espiar: es acompañar, entender, y conversar. La escuela puede
funcionar como red de contención si se articula con las familias, promoviendo
campañas de concientización, talleres y protocolos ante situaciones de riesgo.
Conclusión
El fenómeno de las apuestas online en adolescentes no puede analizarse como un
problema individual ni exclusivamente clínico. Se trata de una manifestación de
época, donde el mercado ha logrado penetrar en la vida subjetiva de los más jóvenes a
través de lógicas de juego, entretenimiento y consumo. No basta con advertir los
peligros: es necesario intervenir desde lo político, lo institucional y lo vincular.
Este no es un problema de adicciones únicamente. Es un síntoma social. Y como tal,
requiere respuestas complejas y colectivas.
Lic Veronica Giachino
Versión resumida con IA
Etiqueta:aabra, autores, ludopatias, problematicas de riesgo, redes sociales, tecnologias

