
Pasajes vitales y “síntomas alimentarios”
Pasajes vitales y “síntomas alimentarios”. Por Verónica Giachino.
La clínica actual nos demuestra que el momento de la emergencia del síntoma “Anoréxico-bulímico”, muchas veces coincide con momentos, pasajes vitales tales como la pubertad y la adolescencia. En la adolescencia se juega algo esencial a propósito del destino del sujeto en relación con lo Real y su goce. Este goce aparece conjuntamente con la irrupción de los cambios en lo real del cuerpo; la llegada de los caracteres secundarios y la menstruación entre otras. Ahora bien, ese goce incide justamente en las identificaciones precedentes. Infancia y adolescencia implican dos
tiempos lógicos fundantes del sujeto. A su vez, estos tiempos inciden en como se relaciona ese sujeto con los Otros. Con el Otro del lenguaje, con el Otro de los significantes.
En los tiempos de la Infancia el sujeto esta sujeto a una posición objetal, sometido a la “voluntad del Otro”. El niño emerge en el discurso familiar como aquel que satisface las necesidades y responde a las necesidades del Otro. El niño se identifica en el lugar de la respuesta de la demanda del Otro convirtiéndose en el “fantasma del Otro materno”. En este sentido, en ese primer tiempo lógico el niño se convierte en el objeto de la demanda
del Otro. Alineación significante dirá Lacan.
En cambio, el tiempo de la adolescencia no es únicamente la repetición de ese primer tiempo de la infancia. Para Lacan es la posibilidad de rectificar o corregir aquella relación con el Otro como consecuencia de su relación en la infancia. Separación significante que produce nuevos significantes y caída de esos amos. Un sujeto capaz de producir sus propios fantasmas.
Fragmentos Clínicos: 1
Julia es una adolescente de 17 años, derivaba de su Obra Social. Su madre se dirige al centro Aabra Lanus a través de una de su hermana que vive en la zona. Manifiesta en la primera entrevista que desde que tiene 10 años deseaba poder hablar con una psicóloga, “desde que supe que tenía un hermano de 8 años no reconocido por mi papa”.
1 Agradecimiento especial a la Lic. Yanina Brizuela analista del equipo de Aabra Lanus
La separación de sus padres ocurre al ser ella muy pequeña. No teniendo recuerdos de la convivencia con su padre.
Hasta sus 13 años vivió en la casa de los abuelos maternos, conviviendo con una de sus tías, la menor de los tres hermanos, siendo su madre la mayor.
La mudanza del hogar materno se produce de manera precipitada, donde el desencadenante es que su tía menor la ve besándose con un chico. Cuando julia llega a su hogar se encuentra con una discusión familiar, donde la tía le gritaba a su madre que la niña, era una “puta”. Julia, observa esta escena en silencio sin poder intervenir. Igual que su madre. Al día siguiente el abuelo materno le pide a su hija que se muden lo más rápido posible, “porque esto había llegado al imite”. Las discusiones entre las hermanas eran frecuentes y por diversos motivos. Pero fue el “beso” el que precipita en su tía una reacción que propicia su mudanza.
Desde entonces viven solas, madre e hija, en un mono ambiente.
La paciente refiere cuanto la angustia la cuestión de su hermano, se molesta ante la negativa de su padre de reconocerlo en el acto del apellido. Julia se presenta desde su sufrimiento, “dependo de la gente, necesito que me cuiden todo el tiempo, pero vivo rechazando a la gente”; “me siento vacía”.
De su madre julia refiere con angustia “ ella solo cuida el cuerpo, nunca le importa lo que siento, si me ve que pongo caras me dice “te duele la panza, tomate un ibuprofeno”, pero a mí lo que me pasa es otra cosa”,” mi mama me dice que ella no tiene novio porque tiene que cuidaren a mí, que no puede hacer nada porque trabaja muchas horas para mantenerme, eso me hace sentir que soy un peso para ella, soy un peso para todos los que me rodean” Sus relaciones de pares se ven atravesadas por el mismo discurso: “en el colegio termino quedándome sola, porque la gente se me acerca me pregunta porque estoy llorando, y yo los rechazo, les digo que se valla… pero después me pongo más triste porque no se acercan me siento peor”.
Con el partener manifiesta la misma dinámica, poniendo aun mas en juego el aspecto idealizado del cuerpo delgado como requisito a el contacto intimo, “me gusta estar con él, me divierto mucho, pero no puedo tener relaciones porque me vuelve loca pensar que me ve el rollito de la panza, o lo gordo de los brazos… además me es imposible
tener relaciones.”
Una frase se reitera a lo largo de las sesiones “mi objetivo es que se me separen las piernas”. Un dato clínico se suma a la historizacion, en su infancia teniendo ella 8 años, y estando al cuidado de su abuela materna, se produjo un juego sexual con dos primas, una de su misma edad y otra unos años mayor. El juego consistía en que unas a
las otras se tocaran los genitales. “ellas parecían pasarla bárbaro, se reían… yo solo miraba para el costado esperando que terminaran rápido para subirme los pantalones…para mí no fue un juego”.
La paciente llega a la consulta ”vomitando” una vez al día, inducido por ella, y siempre luego del almuerzo. Comida que realiza en soledad, ya que su madre regresa al hogar en horas de la tarde. Su madre se ocupa de manera continua de saber si Julia come o no, se mantiene en permanente contacto con su hija, principalmente en horas de la comida,
para preguntarle si comió, o cuánto. Y en los momentos de ingestas compartidas, insiste para que ella coma dos platos… no uno… dos. Julia relata que cuando pudo contarle a su madre lo que le sucedía con respecto a la comida, y su temor a engordar, ella le cuenta que en la adolescencia le sucedía lo mismos, que se inducía el vomito y era
insegura con su propio cuerpo.
En un comienzo del tratamiento, los episodios purgativos de Julia eran de manera regular, siempre y cuando se encontrara sola.
Con el trascurso del tratamiento los vómitos se cifran: ya no era a diario y al cabo de algunas producidos en el espacio de terapia familiar. El principal cambio es que su madre está conociendo a un hombre, por lo que suele ausentarse en algunas ocasiones.
Sobre sus crisis comenta: “me pasa que en el colegio me angustio mucho, y de la nada me pongo llorar, veo que los otras están bien, que viven sus vida sin problemas y me doy cuenta lo mal que estoy, empieza a llorar, como cualquier cosa que encuentre, galletitas de uno, de otro y después me voy al baño a vomitar. Vuelvo al aula y me siento una tarada, me voy a un rincón y me pongo a llorar, obvio mis amigos se acercan y los hecho…. Y después me quedo pensando que no me quieren y por eso se van…. Y ahí me doy cuenta que los uso, que en realidad no me importan, y me vuelvo a sentir mal.”
En otras ocasiones los atracones bulímicos se producen en soledad “comí todo el fin de semana, comí mucho el sábado y el domingo…. Cuando me quede sola porque mi mama se fue con el novio, me dio una crisis de llanto, empecé a gritar, llorar como loca, me tire al piso, me agarre los pelos y pataleaba en el piso… lo único que me
calmo fue vomitar, pero después me sentí una tarada porque siempre hago lo mismo y busque un espejito roto que tengo en el cajón y me empecé a cortar… eso fue lo único que me calmo, sentir dolor en el cuerpo, para que me dejara de doler el alma”.
Con su padre mantiene contactos esporádicos y siempre intermediados por el dinero, cuando el debe darle dinero para algo, o la cuota alimentaria, “el nunca estuvo como padre, nunca estuvo cuando lo necesite”
Conclusiones
Es la adolescencia el tiempo de la Separación. Separación que se inicia en la pubertad. Allí el sujeto deberá producir las desidentificaciones necesarias que propicien la construcción de un “Nombre Propio”-Lacan ubica allí el estatuto del síntoma, el ADN del Parlette; la separación en ese tiempo lógico le dará al sujeto una “identidad” que no
viene del Otro.
Ubicamos en este fragmento clínico la “funcionalidad” del síntoma: Julia comienza su pubertad ocupando el lugar de “la causa” de la separación de la familia: la pelea de su tía y su madre allí en donde ella emprende los primeros pasos de su salida exogámica. Su cuerpo aparece como el soporte del fantasma de ese Otro. Queda capturada entre esos significantes produciendo la separación de ese Otro al costo de su cuerpo Real. Su
síntoma seria una maniobra de gobernar la irrupción pulsional bajo el modo de un re-esfuerzo de la imagen y así hacer frente a lo real de la pulsión vía el “narcisismo” de la imagen.
Si ubicamos además que es en la adolescencia en donde se produce lo que Massimo
Recalcati 2 llama “aumento real del espesor de la Pulsión”, es decir, un incremento del
2 Massimo Recalcati, La ultima cena: Anorexia y bulimia. Ediciones del Cifrado. 2004
registro de lo Imaginario, entonces su síntoma aparece como aquel primer intento de separación identificada a un síntoma de la época.
Ella se llena y se vacía, de comida, de amigos, produciendo un For-da fallido, repitiendo
al Otro compulsivamente impidiendo, por un lado el proceso formularse sus propias preguntas, sus propios fantasmas-rectificación subjetiva, proceso propio de la adolescencia; pero por otro quedando atrapada en la repetición significante del Otro amo. Ubicamos entonces la función del síntoma bulímico en esta paciente: por un lado detiene sus propias preguntas vitales y por otro la preserva de ese encuentro con lo real de la Pulsión.
Etiqueta:autores, problematicas de riesgo, salud mental

